La historia no se repite, pero rima, y cada 80 años, Estados Unidos alcanza un punto álgido. Es como si la nación se detuviera, se mirara al espejo y decidiera derribar lo que está roto para construir algo mejor. En 1785, fue un país incipiente que esbozaba una nueva democracia. En 1865 fue una nación ensangrentada que abolía la esclavitud y tendía vías…
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