El hombre que se vendió a sí mismo el internet
Cómo Boston capturó el dominio de la inteligencia artificial mientras nadie miraba
Un martes de mayo de 2019, un hombre pagó once dólares con tarjeta de crédito y registró un dominio.
EthosCapital.com.
La transacción tomó treinta segundos.
El hombre se llamaba Fadi Chehadé. Tres años antes había sido CEO de ICANN — la organización que gobierna el sistema global de dominios. La Reserva Federal del internet.
Esos once dólares fueron el primer movimiento de una jugada que hoy vale dos mil quinientos millones.
Anguilla queda en el Caribe oriental. Treinta y cinco kilómetros cuadrados, quince mil habitantes.
En 1995, un funcionario asignó a la isla un código de dos letras siguiendo el orden alfabético: punto-a-i.
Veintisiete años de irrelevancia.
El miércoles 30 de noviembre de 2022, OpenAI lanzó ChatGPT. Cinco días después, un millón de usuarios. De repente cada fundador en San Francisco quería un dominio que terminara en dos letras.
Los ingresos de Anguilla por dominios .ai pasaron de tres millones en 2018 a noventa y tres en 2025. Cuarenta y siete por ciento del presupuesto de la isla.
Los periódicos cuentan esta parte. Una isla afortunada recibe un milagro digital.
Pero los periódicos no se hacen la pregunta básica.
Si la isla recibe noventa y tres millones, ¿quién más está cobrando?
La respuesta empieza con un libertario que vive en una casa con techo de zinc al norte de la isla.
Vince Cate llegó a Anguilla en 1994 porque odiaba al gobierno de Estados Unidos. Cuatro años después pagaría cinco mil dólares para naturalizarse mozambiqueño con el único propósito de poder renunciar a su pasaporte estadounidense.
Tres meses después de mudarse le escribió un correo a Jon Postel — el ingeniero californiano que en ese momento administraba todos los códigos de internet del planeta. Postel le respondió en tres líneas:
“No hay nadie administrando .ai. ¿Quieres administrarlo tú?”
Cate dijo que sí.
Durante treinta años administró el dominio él solo, con cinta adhesiva. Cuando el huracán Lenny pegó en 1999, los servidores estuvieron caídos cuatro días.
Hizo todo el trabajo durante tres décadas.
Y entonces ChatGPT explotó.
Pero Cate no tenía abogados, ni equipo legal, ni banco de inversión.
Era el momento perfecto para que alguien viniera a ofrecer ayuda.
Volvamos a Chehadé.
Como CEO de ICANN entre 2012 y 2016, hizo dos cosas. Abrió el sistema de dominios al sector privado. Y sentó las bases para eliminar los topes de precios.
Eran reformas técnicas. Aburridas. Solo unos pocos cientos de personas en el mundo entendían lo que significaban.
En 2016 renunció a ICANN y se fue a Abry Partners, un fondo de private equity de Boston.
En 2018, con Chehadé como asesor, Abry compró Donuts — el operador privado más grande de dominios. Pocas semanas después, Akram Atallah, ex Presidente de la División de Dominios de ICANN, renunció al regulador para convertirse en CEO de Donuts.
Eran dos hombres que se conocían bien. Habían trabajado en cubículos cercanos durante años, almorzando en la misma cafetería de Los Ángeles.
Ahora estaban del otro lado de la mesa.
En mayo de 2019, Chehadé pagó once dólares y registró EthosCapital.com.
En junio de 2019, ICANN — ahora dirigida por personas afines a Chehadé — eliminó los topes de precios para .org. Diez millones de organizaciones sin fines de lucro quedaron expuestas a aumentos ilimitados.
Cinco meses después llegó el anuncio: Internet Society vendería el operador de .org a una entidad privada llamada Ethos Capital, por $1.135 mil millones de dólares.
Ethos Capital tenía dos empleados listados en su sitio web. Ninguno era Chehadé.
Pero los reporteros revisaron WHOIS y encontraron que EthosCapital.com había sido registrado por Fadi Chehadé el 7 de mayo de 2019.
Un mes antes de que ICANN eliminara los topes de precios.
Seis meses antes de que se anunciara el deal de mil millones.
La oposición fue feroz. En mayo de 2020, ICANN cedió y vetó el deal.
Chehadé había perdido la batalla del .org.
Pero no perdió la guerra.
Porque Ethos Capital no necesitaba .org para ganar.
Necesitaba simplemente un peaje.
Y el internet, resulta, está hecho de peajes.
Aquí entra el segundo personaje.
Ningún fondo con dos empleados tiene mil millones para comprar nada.
Alguien estaba financiando a Ethos.
Ese alguien era Seth Klarman.
Klarman fundó Baupost Group en 1982. Hoy administra treinta mil millones. Su libro Margin of Safety se vende usado por mil quinientos dólares en eBay. Lo llaman, sin ironía, el Oráculo de Boston.
En el comunicado oficial de Ethos, el grupo inversor se describe con claridad inusual: “socio estratégico The Baupost Group.”
Lo que vio Klarman — antes de ChatGPT, antes de la palabra “agente”, antes de que Nvidia llegara a tres billones — fue lo que Chehadé había construido durante una década en ICANN.
Una infraestructura monopólica sobre la cual el mundo digital tendría que pagar peaje.
Lee la siguiente frase dos veces:
El value investor más respetado de su generación no apostó por la inteligencia artificial. Apostó por el peaje que la inteligencia artificial tendría que pagar.
En 2021, Ethos pivotó. Compró Donuts y Afilias. Las fusionó. En 2022 las rebautizó Identity Digital. CEO: Akram Atallah.
Tres ex ICANN — Chehadé, Atallah, Abusitta-Ouri — operando una empresa privada que cobra peaje sobre el sistema que ellos mismos diseñaron.
En octubre de 2024, Anguilla firmó un contrato de cinco años con Identity Digital.
Tres meses después, ingenieros de Identity Digital volaron a la isla, desconectaron los servidores físicos del dominio .ai, los empacaron en cajas, y los embarcaron a centros de datos en Virginia, Frankfurt y Singapur.
La razón oficial fue mitigación de riesgo de huracán.
La razón estructural es que la jurisdicción operacional efectiva del dominio dejó de ser caribeña y pasó a ser estadounidense.
La isla se quedó con la marca. Identity Digital se quedó con los servidores.
Y aquí es donde la mayoría de los análisis se equivocan.
Si miras los números anuales, parece un goteo: nueve millones para Identity Digital frente a ochenta y cuatro para Anguilla.
Esa es la cuenta equivocada.
Esa es la cuenta de flujo. Quién recibe cuánto este año.
La cuenta correcta es la de stock. Cuánto vale el activo que captura ese flujo en perpetuidad.
Identity Digital opera veintiocho millones de dominios. Revenue 2025: trescientos cincuenta millones. EBITDA típico de registry: por encima del cincuenta por ciento de margen.
A múltiplos de Verisign — el operador público de .com — Identity Digital vale entre mil novecientos y tres mil cien millones de dólares.
El ancla histórica confirma el cálculo: Ethos ofreció $1.135 mil millones por SOLO .org en 2019.
Esto no es un negocio de millones.
Es un negocio de miles de millones.
La posición de Klarman vale, hoy, entre cuatrocientos y setecientos cincuenta millones sobre una inversión inicial estimada de ciento cincuenta. Si llega el IPO, sobrepasa los mil. Tres a siete veces el capital en cuatro años.
Y todavía no lo realiza. Está construyendo. Esperando que el ciclo siga inflando el valor del peaje.
Hay tres formas de capturar valor en una economía nueva.
Construir el producto. Es lo que hicieron Sam Altman y Dario Amodei. Lo más visible. Lo más glamoroso. Lo que menos retorno proporcional ofrece, porque el producto compite con otros productos.
Comprar el dominio. Es lo que hizo Dharmesh Shah cuando pagó quince millones y medio por chat.com en 2023 y lo cambió por equity de OpenAI. Elegante. Asimétrico. Pero escaso.
Operar el peaje.
No construyes el producto. No compras los dominios. Te posicionas en el cuello de botella entre los dos.
Cada vez que alguien registra un dominio .ai — cada uno de los más de dos mil registros diarios que ocurren ahora mismo, mientras lees esta línea — un porcentaje viaja, automáticamente, a Boston.
Las dos primeras estrategias dependen del ciclo de la moda.
El peaje no.
Una apuesta paga si el evento ocurre. Una posición paga independientemente de qué evento ocurra, mientras el sistema siga funcionando.
Klarman no está apostado a la inteligencia artificial.
Está posicionado en el sistema.
Vince Cate sigue viviendo en Anguilla. La última vez que un periodista lo entrevistó, en enero de 2024, lo hizo por Zoom desde su casa con vista al mar. Cate apareció con camiseta blanca, sin afeitar, hablando despacio.
Cuando le preguntaron si estaba feliz con el deal de Identity Digital, contestó con una palabra:
“Veremos.”
Hizo todo el trabajo durante tres décadas.
Pero cuando la lluvia llegó, no aterrizó sobre la isla.
Aterrizó sobre Boston.
Anguilla recibe ochenta y cuatro millones al año.
Pero ochenta y cuatro millones al año es flujo. El contrato termina en 2029.
Identity Digital vale, como activo, dos mil quinientos millones.
Es stock. El activo se queda.
Anguilla recibe un goteo.
Klarman recibe un activo.
Esta historia no es sobre una isla del Caribe.
Es sobre tres preguntas que casi nadie hace cuando llega un boom.
¿Quién captura la atención? ¿Quién captura los dividendos? ¿Quién captura el sistema?
La atención va a los modelos.
Los dividendos van a los flippers.
El sistema va a los que estuvieron en la oficina del regulador diez años antes, escribiendo las reglas que ahora cobran.
Mientras todos miran a OpenAI, Klarman cobra un dividendo silencioso de cada registro de dominio.
La asimetría entre atención y valor es la asimetría más rentable que existe en el capitalismo del siglo XXI.
Una historia inusual, de actores que monetizan la fricción.
Saludos,
Guillermo Valencia A





